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sábado, 21 de enero de 2012

El maestro

Érase una vez un maestro que hablaba a un grupo de gente y su mensaje resultaba tan maravilloso que todas las personas que estaban allí reunidas se sintieron conmovidas por sus palabras de amor. En medio de esa multitud, se encontraba un hombre que había escuchado todas las palabras que el maestro había pronunciado. Era un hombre muy humilde y de gran corazón, que se sintió tan conmovido por las palabras del maestro que sintió la necesidad de invitarlo a su hogar.Así pues, cuando el maestro acabó de hablar, el hombre se abrió paso entre la multitud, se acercó a él y, mirándole a los ojos, le dijo: «Sé que está muy ocupado y que todos requieren su atención. También sé que casi no dispone de tiempo ni para escuchar mis palabras, pero mi corazón se siente tan libre y es tanto el amor que siento por usted que me mueve la necesidad de invitarle a mi hogar. Quiero prepararle la mejor de las comidas. No espero que acepte, pero quería que lo supiera».

El maestro le miró a los ojos, y con la más bella de las sonrisas, le contestó:
«Prepáralo todo. Iré». Entonces, el maestro se alejó.
Al oír estas palabras el corazón del hombre se sintió lleno de júbilo. A duras penas podía esperar a que llegase el momento de servir al maestro y expresarle el amor que sentía por él. Sería el día más importante de su vida: el maestro estaría con él. Compró la mejor comida y el mejor vino y buscó las ropas más preciosas para ofrecérselas como regalo. Después corrió hacia su casa a fin de llevar a cabo todos los preparativos para recibir al maestro. Lo limpió todo, preparó una comida deliciosa y decoró bellamente la mesa. Su corazón estaba rebosante de alegría porque el maestro pronto estaría allí.

El hombre esperaba ansioso cuando alguien llamó a la puerta. La abrió con afán pero, en lugar del maestro, se encontró con una anciana. Ésta le miró a los ojos y le dijo: «Estoy hambrienta. ¿Podrías darme un trozo de pan?».

El se sintió un poco decepcionado al ver que no se trataba del maestro. Miró a la mujer y le dijo: «Por favor, entre en mi casa». La sentó en el lugar que había preparado para el maestro y le ofreció la comida que había cocinado para él. Pero estaba ansioso y esperaba que la mujer se diese prisa en acabar de comer. La anciana se sintió conmovida por la generosidad de este hombre. Le dio las gracias y se marchó.

Apenas hubo acabado de preparar de nuevo la mesa para el maestro cuando alguien volvió a llamar a su puerta. Esta vez se trataba de un desconocido que había viajado a través del desierto. El forastero le miró y le dijo: «Estoy sediento. ¿Podrías darme algo para beber?».

De nuevo se sintió un poco decepcionado porque no se trataba del maestro, pero aun así, invitó al desconocido a entrar en su casa, hizo que se sentase en el lugar que había preparado para el maestro y le sirvió el vino que quería ofrecerle a él. Cuando se marchó, volvió a preparar de nuevo todas las cosas.

Por tercera vez, alguien llamó a la puerta, y cuando la abrió, se encontró con un niño. Éste elevó su mirada hacia él y le dijo: «Estoy congelado. ¿Podría darme una manta para cubrir mi cuerpo?».

Estaba un poco decepcionado porque no se trataba del maestro, pero miró al niño a los ojos y sintió amor en su corazón. Rápidamente cogió las ropas que había comprado para el maestro y le cubrió con ellas. El niño le dio las gracias y se marchó.

Volvió a prepararlo todo de nuevo para el maestro y después se dispuso a esperarle hasta que se hizo muy tarde. Cuando comprendió que no acudiría se sintió decepcionado, pero lo perdonó de inmediato. Se dijo a sí mismo: «Sabía que no podía esperar que el maestro viniese a esta humilde casa. Me dijo que lo haría, pero algún asunto de mayor importancia lo habrá llevado a cualquier otra parte. No ha venido, pero al menos aceptó la invitación y eso es suficiente para que mi corazón se sienta feliz».

Entonces, guardó la comida y el vino y se acostó. Aquella noche soñó que el maestro le hacía una visita. Al verlo, se sintió feliz sin saber que se trataba de un sueño.

«¡Ha venido maestro! Ha mantenido su palabra.»



El maestro le contestó: «Sí, estoy aquí, pero estuve aquí antes. Estaba hambriento y me diste de comer. Estaba sediento y me ofreciste vino. Tenía frío y me cubriste con ropas. Todo lo que haces por los demás, lo haces por mí».

El hombre se despertó con el corazón rebosante de dicha porque había comprendido la enseñanza del maestro. Lo amaba tanto que había enviado a tres personas para que le transmitiesen la lección más grande: que él vive en el interior de todas las personas. Cuando das de comer al hambriento, de beber al sediento y cubres al que tiene frío, ofreces tu amor al maestro.



Una historia Tolteca.

lunes, 16 de enero de 2012

Para la reflexión

ESTIMADOS SOCIOS DE TRABAJO:
Una actitud crítica pero positiva ante eventos cotidianos y criterios sólidos  e  innovadores, pueden  hacer que cada uno de nosotros y por ende nuestra  institución,  salga  adelante
La diferencia entre los países pobres y los ricos no es la antigüedad del país. Lo demuestran los casos como India y Egipto, que tienen miles de años de antigüedad y son pobres.

En cambio, Australia y Nueva Zelanda, que hace poco más de 150 años eran casi desconocidos son, sin embargo, hoy países desarrollados y ricos.

La diferencia entre países pobres y ricos tampoco son los recursos naturales con que cuentan, como es el caso de Japón que tiene un territorio muy pequeño y el 80% es montañoso y no apto para la agricultura y ganadería, sin embargo, se encuentra entre las primeras potencias económicas del  mundo pues su territorio es como una inmensa fabrica flotante que recibe materiales de todo el mundo y los exporta transformados, también a todo el mundo logrando su riqueza, a pesar, de los eventos catastróficos que lo han azotado.

Por otro lado, tenemos una Suiza sin océano pero tiene una de las flotas navieras más grandes del mundo. No tiene cacao procesa uno de los  mejores  chocolates del mundo; en sus pocos kilómetros cuadrados, pastorea y cultiva solo cuatro meses al año ya que el resto es invierno, pero tiene los productos lácteos de mejor calidad de toda Europa. Al igual que Japón no tiene recursos naturales, pero da y exporta servicios, con calidad muy difícilmente superable, es un país pequeño que ha vendido una imagen de seguridad, orden y trabajo, que lo han convertido en la caja fuerte del mundo.

Tampoco la inteligencia de las personas es la diferencia como lo demuestran estudiantes de países pobres que emigran a los países ricos y logran resultados excelentes en su educación, otro ejemplo son los ejecutivos de países ricos que visitan nuestras fabricas y al hablar con ellos nos damos cuenta que no hay diferencia intelectual. Y tampoco es la raza la que marca la diferencia pues en los países centro-europeos o nórdicos vemos como los llamados vagos del sur demuestran ser la fuerza productiva de estos países, no así en sus propios donde nunca supieron someterse a las reglas básicas que hacen a un país grande.
La actitud, reflejo de los valores que tienen las persogas, es la diferencia. Al estudiar la conducta de las personas en los países ricos, se descubre que la mayor parte de la población sigue las siguientes reglas:

v  L a moral como principio básico.
v  El orden y la limpieza.
v  La honradez.
v  La puntualidad.
v  La responsabilidad.
v  El deseo de superación.
v  El respeto a la ley y los reglamentos.
v  El respeto por los derechos de los demás.
v  Su amor al trabajo.
¿Necesitamos más Leyes? No, sería suficiente con cumplir y hacer cumplir estas simples reglas. No somos pobres porque a nuestro país le falten riquezas, o porque la naturaleza haya sido cruel con nosotros, simplemente nos falta carácter para cumplir estas premisas básicas de funcionamiento de las sociedades.

Autor desconocido

lunes, 19 de diciembre de 2011

CELEBREMOS LA NAVIDAD


Viendo en el otro un hermano y no un enemigo
Aceptando nuestras limitaciones con humildad
Eliminando la intolerancia que daña nuestra acciones
Reconociendo el valor de la gente, sin discriminaciones
Buscando la unidad, sin imposiciones
Promoviendo la amistad, sin establecer condiciones
Actuando con ecuanimidad en nuestras decisiones
Apoyando el trabajo, fruto de la constancia del saber
Siendo sensibles al semejante, sin limitaciones
Celebrando con alegría el éxito de los demás
Aceptando la vida como regalo de Dios
Renovando la fe y la esperanza en la humanidad
FELIZ NAVIDAD Y PRÓSPERO AÑO 2012

martes, 13 de diciembre de 2011

EL ÁRBOL CONSEJERO DE NAVIDAD



Ríe
Relájate
Perdona
Pide ayuda
Haz un favor
Delega tareas
Expresa lo tuyo
Rompe un hábito
Haz una caminata
S a l    a    c o r r e r   
Pinta un cuadro. Sonríe a tu hijo
Permite brillar. Mira fotos viejas
Lee un buen libro. Canta en la ducha
Escucha a un amigo. Acepta un cumplido
Ayuda a un anciano. Cumple con tus promesas
T e r m i n a   u n   p r o y e c t o   d e s e a d o
Sé niño otra vez. Escucha la naturaleza
Muestra tu felicidad. Escribe en tu diario
Trátate como un amigo. Permítete equivocarte
Haz un álbum familiar. Date un baño prolongado
 Por hoy no te preocupes. Deja que alguien te ayude
Mira una flor con atención. Pierde un poco de tiempo
Apaga el televisor y habla. Escucha tu música preferida
A p r e n d e    a l g o    q u e    s i e m p r e    d e s e a s t e
Llama a tus amigos por teléfono. Haz un pequeño cambio en tu vida
Haz una lista de las cosas que haces bien. Ve a la biblioteca y escucha el silencio
Cierra los ojos e imagina las olas del mar. Haz sentir bienvenido a alguien
D i l e    a    l a s    p e r s o n a s    a m a d a s    c u á n t o    l a s
Q u i e r e s
Dale un nombre a una estrella
Sabes que no estás solo
Piensa en lo que tienes
Hazte un regalo
Planifica un viaje
Respira profundo
Cultiva el amor
FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO
AÑO NUEVO 2012

martes, 6 de diciembre de 2011

El mejor equipo

Es más importante y necesario descubrir cualidades, que perder el tiempo señalando defectos en los demás.

Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡Hacía demasiado ruido! Y, además, se pasaba el tiempo golpeando..

El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.

Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez exigió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.

Y la lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro que se la pasaba midiendo a los demás según su propia medida, como si fuera el único perfecto.

En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo.

Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un lindo mueble.

Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra serrucho, y dijo: "señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya nuestros puntos malos y concentrémonos en nuestros puntos buenos".

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto.

Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad, se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.

Ocurre lo mismo con los seres humanos. Observen y lo comprobarán. Cuando en una empresa el personal busca a menudo defectos en los demás la situación se vuelve tensa y negativa. En cambio al tratar con sinceridad de percibir los puntos fuertes de los demás, es cuando florecen los mejores logros humanos.


Es fácil encontrar defectos, cualquier tonto puede hacerlo, pero encontrar cualidades, eso es para los espíritus superiores que son capaces de inspirar todos los éxitos humanos.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Bienaventuranzas para la felicidad

Alicia Godina Carrillo nos recuerda la leyenda de un hombre que oyó decir que la felicidad era un tesoro. A partir de aquel instante comenzó a buscarla. Prime­ro se aventuró por el placer y por todo lo sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue reco­rriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del traba­jo, del ocio y de todo cuanto es­taba al alcance de su mano.

En un recodo del camino vio un letrero que decía: "Le quedan dos meses de vida." Aquel hombre, cansado y desgastado por los sinsabores de la vida, sin haber logrado encontrar la felicidad, se di]o: "Estos dos meses los dedi­caré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida, con las personas que me rodean".

Y aquel buscador infatigable de la felicidad, sólo al final de sus días encontró que, dentro de sí mismo, en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de sí mis­mo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado. Com­prendió que para ser feliz se ne­cesita amar; aceptar la vida como viene; disfrutar de lo pequeño y de lo grande; conocerse a sí mis­mo y aceptarse como uno es; sentirse querido y valorado, pero también querer y valorar; tener razones para vivir y esperar, y también razones para morir y descansar.

Comprendió que la felicidad consiste en hacer algo que merezca la pena con la propia vida: algo grande y positivo. Un buen lema para alcanzar la felicidad podría ser. luchar por aspirar a lo excelente. Pretender lo mejor. Buscar valores que le den calidad a la vida, en medio de una socie­dad repleta de avances científicos y tecnológi­cos pero que en lo humano se va deteriorando ca­da vez más.

Entendió que la felicidad brota en el corazón, con el rocío del cariño, la ternura y la compren­sión. Que son instantes y momentos de pleni­tud y bienestar; que la felicidad es­tá unida y ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella; que siempre está de salida y que para tenerla hay que gozar de paz interior. Finalmente descubrió que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría, por ser Dios amor, bondad, reconciliación, perdón y donación total.

Y en su mente recordó aquella sentencia que dice: "¡Cuánto gozamos con lo poco que tenemos, y cuánto sufrimos por lo mucho que anhelamos!" Por ello, sería conveniente que empezáramos a tomar en se­rio algunas de las Bienaven­turanzas que nos propone Alicia Godina:

·     Felices los que saben reír­se de sí mis­mos, porque nunca termi­narán de divertirse.

·    Felices los que saben escuchar y callar, porque aprenderán cosas nuevas.

·    Felices los que están atentos a las necesidades de los demás sin sentirse indispensables, porque serán portadores de alegría.

·    Felices los que saben apreciar una sonrisa y olvidar un desprecio, porque su camino estará lleno de sol.

·    Felices los que son capaces de interpretar con benevolencia las actitudes de los demás, porque conocen el valor de la caridad.

·    Felices los que saben reconocer al Señor en todo lo que en­cuentran, porque habrán hallado la paz y la verdadera sabiduría.

Antonio Pérez Esclarín /Profesor / Filósofo